Luces y sombras de los sistemas de control de temperatura corporal contra el Covid-19

[vc_row][vc_column][vc_empty_space height=»60px»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=»60px»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ante la situación que vivimos actualmente, totalmente inédita y sin precedentes recientes, proliferan ideas como el miedo o la improvisación que nos podrían hacer tomar decisiones precipitadas y con graves consecuencias económicas y reputacionales. Una de las ideas que actualmente están circulando es el uso de sistemas de control de la temperatura corporal utilizando diferentes métodos que vamos a intentar analizar en el presente artículo. El objetivo principal de dichos sistemas de control de la temperatura corporal, es el control de acceso a locales públicos para la detección de posibles contagios COVID19, partiendo de la premisa de que la temperatura asociada a una persona puede indicar un posible positivo de la enfermedad y por tanto un riesgo de contagio.

A primera vista, llegar a esa conclusión resulta precipitado, ya que nos encontramos ante un criterio no evidenciado científicamente, y por tanto, no podemos establecer una relación de causalidad automática. Por tanto, no estamos ante una medida que efectivamente garantice la efectividad de evitar la trasmisión del virus, dado que el número de pacientes asintomáticos es elevado.

Si a pesar de estas advertencias, consideramos la instalación de un sistema de control de temperatura corporal, debemos valorar el impacto que tiene sobre la normativa de Protección de Datos basándonos en principalmente los siguientes elementos:

  • Legitimación: si realizamos un tratamiento de datos debemos encontrar una base dentro de la normativa de protección de datos. En el caso de ser aplicable a trabajadores, podemos amparar dicho tratamiento en la Ley de Prevención de riesgos Laborales. En el caso de utilizar un sistema para los clientes o proveedores debemos acudir al interés público o interés vital recogido en la normativa.

 

  • Necesidad: Debemos valorar si es una medida realmente necesaria y efectiva. No hay que olvidar el coste económico de la misma ni el impacto reputacional que puede sufrir nuestro establecimiento si decidimos implantar un sistema de control de temperatura.

Por otro lado, según la AEPD (Agencia Española de Protección de Datos) hay que valorar “hasta qué punto esa utilidad es suficiente para justificar el sacrificio de los derechos individuales que las medidas suponen y hasta qué punto estas medidas podrían o no ser sustituidas, con igual eficacia, por otras menos intrusivas”.

  • Proporcionalidad: siguiendo el criterio de la AEPD, “no se puede tomar un dato de salud de una persona y tratarlo espontáneamente por cualquier gestor de un lugar público simplemente porque crea que es lo mejor para sus clientes o usuarios. En estos casos, tendremos un riesgo de discriminación, estigmatización y tal vez difusión pública de datos de salud. Todo ello se puede agravar con el riesgo de fugas de información sensible y el conflicto con aquellas personas entienden la medida como una agresión a sus derechos”.

Por todo ello, podemos afirmar que en el caso de implantar un sistema de control de temperatura se debe tener en cuenta que el sistema no registre la información obtenida asociándola a un dato identificativo de usuario.

También es importante utilizar equipos homologados para dicha finalidad y que dicha toma de temperatura se haga siempre contando con un personal cualificado para ello e informando a los usuarios de que se va a realizar dicho control de temperatura con las garantían anteriormente descritas. Ante la imposibilidad de contar con personal sanitario en la mayoría de locales, debemos formar al personal de seguridad, cumpliendo los citados requisitos ya que ellos pueden controlar el acceso a locales y velar por la seguridad de los trabajadores y clientes.

Por ello, es necesaria la elaboración de un protocolo y de circulares y carteles informativos para cumplir las garantías mínimas que establece la normativa de Protección de Datos. También debe quedar registrado en el Registro de Actividades de Tratamiento de la entidad y si procede realizar una Evaluación de Impacto de Protección de Datos detallando el sistema implantado y los posibles riesgos y medidas de seguridad que se establezcan.

En resumen, a nuestro juicio, sería recomendable fomentar otras medidas de protección que sí tengan evidencia de utilidad, como son el uso generalizado de mascarillas o medidas de distanciamiento social que, si cumplen con los principios básicos de la protección de datos, dado que no se realiza un tratamiento de datos personales, antes de implantar un sistema que ponga en riesgo la privacidad de los usuarios. Esto es lo que recomiendan las autoridades sanitarias en este momento, a la espera de la consulta realizada por la AEPD, para el tratamiento de los sistemas de medición. Una vez exista ese pronunciamiento por parte de las autoridades, debemos seguir siempre sus recomendaciones para realizar este tipo de mediciones.

El consejo siempre debe ir dirigido hacia el uso del sentido común y la eficacia, ya que en estos tiempos de incertidumbre podemos caer en la tentación de realizar tratamientos de datos no necesarios que pongan en riesgo nuestra reputación como entidad.

 

 

Miguel Ángel Lucas del Amo

Departamento de Protección de Datos COFMS31[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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